El 64% de las firmas prevé aumentar este año, pero sólo el 15% abarcará a todos.
Si bien sólo 5 de cada 100 compañías líderes no dio ni proyecta dar mejoras salariales este año, lo cierto es que entre las que están aplicando incrementos solamente una minoría lo hace para todo su personal sin distinción.
Según una encuesta realizada por la Sociedad de Estudios Laborales (SEL) y Marcú & Asociados, el 31% de una muestra de 200 compañías decidió acciones para mejorar los ingresos de sus empleados en el primer bimestre del año: un 7% otorgó ajustes generales -del 10% en promedio-, mientras que el 93% actuó en forma selectiva. Y el 64% de las firmas prevé subas antes de finalizar 2005. En este caso, sólo el 15% estima que beneficiará a todos sus empleados.
Según el relevamiento que las consultoras realizan en forma continua, cada vez se acentúa más la política de selectividad para los aumentos de salarios. En 2002, esa política se dio en el 31% de los casos; en 2003, en el 75%, y en 2004 el 85% de las firmas que subieron sueldos actuó de esa manera.
Para este año los criterios más utilizados para decidir cuándo, cuánto y a quién mejorar los ingresos son el desempeño personal y la evolución de los salarios en el mercado.
El trabajo revela también que casi la mitad de las compañías espera tener en los próximos 3 meses demandas salariales por parte del sindicato. Entre ellas, 12 de cada 100 creen que el reclamo se traducirá en medidas como huelgas, que afectarán la actividad. En promedio, se calcula que habrá pedidos de ajustes del 18 por ciento.
De cada 10 firmas que respondieron la encuesta, 3 mantienen ahora negociaciones con el sindicato. Al margen de esas gestiones, un 70% considera que la política salarial del Gobierno, con sucesivos aumentos por decreto, entorpece los acuerdos de partes.
NEGOCIACIONES:
"Apostamos a la negociación colectiva y esperamos que no sea necesaria ninguna acción correctiva", sostuvo la secretaria de Trabajo, Noemí Rial, que fue una de las disertantes en el seminario en el que ayer se presentó la encuesta. Sin embargo, la funcionaria agregó que si algunos sectores quedan muy postergados por su escasa capacidad para negociar "el Estado tiene necesidad de intervenir".
En el panel acompañaban a Rial los principales asesores de la Unión Industrial Argentina y de la CGT, Daniel Funes de Rioja y Héctor Recalde, respectivamente.
Funes de Rioja recordó que los primeros aumentos por decreto, en 2002, tuvieron su razón de ser en la emergencia; "después, creo que deberíamos haber vuelto a la negociación colectiva". Para Recalde y también para Rial, "los decretos sirvieron para promocionar las convenciones", en contraposición con la opinión mayoritaria de los empresarios.
Según los datos presentados ayer por Marcela Angeli, de Marcú & Asociados, y María Laura Calí, de SEL, las causas que principalmente impulsarán demandas salariales serían la percepción de que las empresas están en condiciones de dar algo más, el efecto contagio por la acción sindical en otros sectores y las señales del Gobierno.
Desde la devaluación, la mejora acumulada en los salarios es del 35% promedio para los empleados fuera de convenio y del 39% para los convencionados, con un aumento del 38% en el presupuesto de pagos al personal, según los datos del informe. Entre diciembre de 2001 y febrero de 2005, la inflación, según el Indec, fue del 58 por ciento.
En los proyectados aumentos para este año, el promedio es del 8,5% en las subas selectivas, con un mínimo del 7% en los laboratorios, y un máximo de entre el 9 y el 9,5% en el sector de comunicaciones, las industrias químicas y las de productos de consumo masivo.
ACONSEJAN GUIARSE POR LA PRODUCTIVIDAD:
Aumentar los salarios por productividad, al menos como uno entre otros criterios, implica no alterar, por la vía del costo laboral, los costos finales de elaboración de los bienes. Por eso, para los economistas, no tener en cuenta ese parámetro -como dijo el presidente Néstor Kirchner- puede ser riesgoso en cuanto a la competitividad de la economía. Sobre todo si, superada la emergencia, se insiste en los aumentos generalizados de salarios.
"Para los trabajadores el salario es un ingreso que se destina al consumo y al ahorro; pero del otro lado, para la empresa, es también un costo de producción", explicó Nadin Argañaraz, economista jefe del Ieral, de la Fundación Mediterránea, que agregó que no hay que olvidar que la Argentina "es una localización alternativa para posibles inversiones" y para eso necesita ser competitiva en sus costos. En tal sentido, Pablo Brassiolo, también del Ieral, apuntó que se compite con países como Brasil y Chile.
Según el economista Orlando Ferreres, cuando los salarios suben más que la productividad contribuyen a la propagación de la inflación. Pero aclaró que actualmente el salario sigue retrasado respecto de los niveles precrisis, por lo que no hay un efecto importante sobre la inflación. Y agregó que además de la productividad debería mirarse la inflación prevista. De lo contrario, los mayores costos de producción y el incentivo al consumo se harían sentir en los precios.
El director de la Sociedad de Estudios Laborales, Ernesto Kritz, recordó que hay muchas diferencias por sectores en cuanto a la evolución de la productividad y estimó que en algunos casos podría haber margen para subas salariales sin provocar una presión de costos. La solución, según Kritz, habría que negociarla sector por sector e incluso bajar la consideración de la productividad al nivel de empresas. "En el mediano plazo no es discutible que las subas tienen que ir con mejoras de la productividad", dijo.