Newsletter Nº45–Jueves 26 de Octubre de 2006 - Año 1 

Fuente: ww.diariodeavisos.com

POBREZA Y VIOLENCIA CONTRA LOS NIÑOS


El fracaso de múltiples conferencias y cumbres internacionales, o el incumplimiento de sus resoluciones y acuerdos, llevó a que 190 jefes de Estado y de Gobierno, en septiembre de 2000, bajo el manto de la Organización de Naciones Unidas y la colaboración del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, firmaran el denominado Pacto del Milenio, con ocho objetivos a cumplir, antes del año 2015, que podían resumirse en: reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre o pobreza severa; velar por que todos los niños y niñas puedan terminar la enseñanza primaria; garantizar la igualdad entre los sexos; reducir en dos terceras partes la mortalidad de los niños menores de cinco años y la mortalidad materna en tres cuartas partes; detener la propagación del Sida, el paludismo y otras enfermedades graves; garantizar la sustentabilidad del medio ambiente, y reducir a la mitad el porcentaje de personas que carecen de acceso al agua potable.

Han pasado seis años y la situación no ha mejorado significativamente. Quedan nueve años y si no se produce un cambio radical en la actitud de los gobiernos comprometidos, los objetivos constituirán un fracaso más, con decenas de millones de víctimas. Tres ejemplos significativos. Después de 34 años, el compromiso de aportar el 0,7% de PIB, en materia de Ayuda Oficial al Desarrollo sólo lo han cumplido cinco países (Dinamarca, Noruega, Países Bajos, Suecia y Luxemburgo) En cuanto a la deuda externa, dos terceras partes de los países continúan gastando más en la deuda contraída que en servicios sociales. El fracaso de la Conferencia de Cancún mantiene las injustas condiciones del comercio internacional.

En las últimas semanas se han prodigado los informes, de distintos organismos internacionales, en los que se da la voz de alarma sobre la situación de cientos de millones de personas que han de vivir en circunstancias que nada tienen que ver con las condiciones de opulencia, desigual e injusta del denominado mundo desarrollado.

El pasado mes de mayo, la UNICEF difundía un informe en el que destacaba la necesidad de enviar ayuda humanitaria al Cuerno de África (Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenia y Somalia) Millones de personas se ven afectadas por la peor sequía de las últimas décadas. Sobre decenas de miles de niños y niñas se cierne la amenaza de una muerte lenta por inanición. La sequía que castiga a la región desde hace más de dos años ha causado la muerte de la mitad del ganado y aumentando el temor de que sean las familias de los pastores nómadas las próximas víctimas. En 2000, casi cien mil pobladores de la región murieron como resultado de la sequía. Unos ocho millones de personas, entre ellas 1,6 millones de menores de cinco años, han quedado gravemente afectadas por la sequía y necesitan ayuda urgente.

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) considera que América Latina y el Caribe es la mayor región exportadora de alimentos del mundo. Sin embargo, 53 millones de personas sufren de desnutrición. Cada año, Latinoamérica produce alrededor de cuatro veces la cantidad de alimentos necesarios para alimentar a su población, por lo que el hambre de los habitantes de la región es la consecuencia de la injusticia social practicada por gobiernos que defienden intereses ajenos a los de los ciudadanos.

En la reunión de ministros de Trabajo del G-8, el director de la OIT, Juan Somavia, pedía una respuesta global al problema del "crecimiento sin empleo". "A pesar de que hemos tenido cuatro años de crecimiento a niveles muy respetables, no se ha conseguido mermar el déficit de trabajo decente. Necesitamos abordar esa desconexión entre el crecimiento económico y el aumento del empleo", dijo.

Aunque la pobreza extrema haya disminuido en la última década del 30% al 20%, los progresos han sido desiguales de unas regiones y unos países a otros y dentro de ellos. Unos 900 millones de personas viven en zonas rurales de países pobres que dependen, casi exclusivamente, de la agricultura. Sin embargo, su comercialización y exportación se hace imposible, porque los países ricos subvencionan con más de 300.000 millones de dólares sus producciones agrícolas. Esa política provoca una sobreproducción mundial que deteriora los precios en el mercado internacional e impide la generación de ingresos a los agricultores de los países más pobres.

Un informe encargado por Kofi Annan, ex secretario general de la ONU, confirma que "la violencia contra los niños ocurre en todos los países y cruza líneas sociales, culturales, religiosas y étnicas". Y también que "la mayoría de los actos violentos contra los niños permanecen ocultos y son a menudo tolerados por la sociedad, con secuelas físicas, emocionales y psicológicas y con graves repercusiones en su desarrollo, su salud y su capacidad de aprendizaje".

Los malos tratos, la explotación, el comercio sexual y la esclavitud a la que están sometidos miles de niños en el mundo son algunos de los graves problemas que afectan a la infancia. Pero hay otras lacras, no menos graves, que arrastra la humanidad respecto a las generaciones más jóvenes: la pobreza absoluta, la malnutrición, las carencias higiénicas y sanitarias y la falta de educación.

Más de 10 millones de niños menores de cinco años siguen muriendo todos los años por causas que se podían haber prevenido; 149 millones de pequeños en los países en desarrollo padecen malnutrición; otros 100 millones no asisten a la escuela primaria, la mayoría de ellos, niñas; y millones de niños están atrapados en el trabajo infantil (maltratos), la trata de menores, la prostitución y los conflictos armados. La UNICEF denuncia que cada año mueren 1,5 millones de niños y niñas por no tener acceso al agua potable.

En China, niños entre 12 y 16 años, fabrican los juguetes que regala, entre otros, Mc Donald’s en sus promociones. Unos 600 jóvenes trabajan como robots, sin levantar la mirada, darse un respiro o hablar entre ellas. Todas han llegado tratando de salir de la pobreza. Se pasan, entre 14 y 18 horas, montando y empaquetando muñecos de plástico por un sueldo de 15.000 pesetas al mes, del que les descuentan la comida y los "gastos de alojamiento". Tienen 15 minutos para comer, permisos controlados para ir al servicio y cuatro horas para dormir en cuchitriles situados en las mismas fábricas. Al anochecer, las trabajadoras son registradas para comprobar que no han robado nada. Así se logra la competitividad en China.

Cambiar esta situación necesita algo más que declaraciones. Es preciso condonar la deuda de los países más pobres del mundo, aumentar la ayuda a los menos desarrollados, establecer un sistema comercial mundial más justo y, sobre todo, terminar con la corrupción de gobiernos e instituciones.

 


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