Newsletter Nº39 – Miercoles 27 de Septiembre de 2006 - Año 1 


Extractado de: www.ilo.org

LA CRISIS GLOBAL DEL EMPLEO: ENFRENTAR EL DESEQUILIBRIO ENTRE EL CRECIMIENTO ECONÓMICO Y EL TRABAJO

El crecimiento no genera suficiente empleo en el mundo y frente a este hecho las discusiones de los líderes mundiales de las finanzas, como las realizadas recientemente en Singapur, deben ir más allá del comercio y el déficit financiero, afirma el Director General de la OIT Juan Somavia.


En 2006 el PIB podría aumentar en más de 4 por ciento por cuarto año consecutivo. África al Sur del Sahara podría registrar la tasa de crecimiento más sólida de los últimos 30 años. Las tasas de interés aún son relativamente bajas, las empresas registran ganancias sin precedentes. Y se ha pronosticado que el comercio mundial continuaría creciendo cerca de 7 por ciento.

Pero si bien la tasa de crecimiento es más que aceptable, no sucede lo mismo con la cantidad y calidad del trabajo que se ha generado. Casi en todas partes del mundo, el acceso al trabajo decente y productivo no refleja la mejoría de las estadísticas macroeconómicas. En los últimos diez años, las cifras del desempleo oficial aumentaron en más de 20 por ciento.

Pero además en vastas regiones del mundo la mayoría de los nuevos trabajos se crean en la ya concurrida economía informal, donde las trabajadoras y los trabajadores se ganan la vida con baja productividad y, como consecuencia, con bajos ingresos.

El número total de trabajadores pobres que viven con menos de 2 dólares al día por persona permanece hoy al mismo nivel que hace 10 años, y representa cerca del 50 por ciento de la fuerza laboral del mundo. Todo esto plantea desafíos con profundas implicaciones políticas y de seguridad.

Quizás en ningún otro lugar este desequilibrio sea tan evidente como en Asia. Es verdad que el amanecer de este "Siglo Asiático" ha sido marcado por un rápido crecimiento económico, más del doble del promedio global desde 1995, y con un aumento de la productividad laboral de 41 por ciento. Sin embargo, Asia enfrenta una serie de "déficit de trabajo decente". En la región viven más de las dos terceras partes de los pobres del mundo y cerca de la mitad de los jóvenes desempleados.

El empleo informal como parte del empleo no agrícola va desde 83 por ciento en India, 78 por ciento en Indonesia y 72 por ciento en Filipinas, a 51 por ciento en Tailandia y 42 por ciento en la República Árabe Siria. ¿Cuáles son algunas de las más importantes medidas políticas necesarias para enfrentar el desequilibrio mundial del empleo?

Primero, la creación de empleo debe ser un objetivo claro en la formulación de políticas. Es crucial en la promoción del crecimiento económico que se traduzca efectivamente en la creación de trabajo decente y estimule la inversión y la iniciativa empresarial, el desarrollo de competencias, normas laborales apropiadas y modos de vida sostenibles. Facilitar la creación de empresas es clave, en particular para promover y extender el desarrollo local y los mercados locales a través de pequeñas iniciativas empresariales. Es vital garantizar que las mujeres y hombres jóvenes obtengan los conocimientos necesarios para comenzar su vida laboral.

Segundo, respetar, promover y aplicar los principios y derechos fundamentales en el trabajo, es decir, libertad de asociación, eliminación del trabajo forzoso, del trabajo infantil y la discriminación laboral. Como reconocen la mayoría de los dirigentes empresariales, las leyes laborales que garantizan los derechos humanos en el trabajo son esenciales para un sano ambiente de inversiones, estabilidad en el lugar de trabajo y productividad.

Tercero, extender la protección social y aumentar su eficiencia, en particular para los trabajadores de la agricultura y de la economía informal quienes con frecuencia no están cubiertos por la legislación laboral.

Y cuarto, apoyar las instituciones y los sistemas que fortalecen la gobernabilidad del mercado laboral, incluyendo procesos que estimulan el diálogo social y ayudan a resolver disputas en el lugar de trabajo. El diálogo social, que involucre a organizaciones fuertes e independientes de trabajadores y empleadores, tiene un papel crucial en el incremento de la productividad y en la construcción de sociedades coherentes. Es el mejor camino hacia la flexibilidad y la seguridad para empleadores y trabajadores. La experiencia demuestra que la falta de diálogo debilita el potencial de desarrollo.

 

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