Newsletter Nº38 – Viernes 22 de Septiembre de 2006 - Año 1 


Por: Ismael Bermudez

TRABAJAR Y SER POBRE

            Es más que evidente que existe una relación muy estrecha entre el alto índice de pobreza – 31,4%-,  de desempleo – 10,4%- y de trabajo en negro – 44,1%- , que arrojan los datos del INDEC del primer semestre de 2006. A eso se agrega el 1,4 millón de beneficiarios de planes sociales y la vasta legión de cuentapropistas con muy bajos ingresos.
Otro dato no menor es que la “línea de pobreza” se está constituyendo cada vez más en una referencia de los salarios, algo inaudito y que marca el deterioro social porque la definición de “salario mínimo” excede en exceso los 860 pesos que hoy cuesta una “canasta de pobreza” para una familia tipo.
Veamos en detalle. Los 12 millones de pobres que contabiliza el INDEC integran familias que contienen:

  • 1.600.000 de desocupados que no reciben ningún plan social
  • La mayoría de los 4.700.000 de asalariados no registrados.
  • 1.400.000 beneficiarios de planes sociales que realizan o no contraprestaciones laborales.
  • La mitad de los 3 millones de trabajadores independientes o cuentapropistas.
  • Una proporción indeterminada, pero que puede rondar el 15%, de los asalariados registrados o en blanco que perciben bajos salarios.

Estos datos marcan que la pobreza no solo golpea a los desocupados o beneficiarios de planes sino a una proporción muy alta de trabajadores en relación de dependencia o por cuenta propia con ingresos inferiores al valor de una canasta de bienes y servicios básicos. Y está marcando que la normalización económica y los altos índices de crecimiento no son suficientes para dar cuenta de la pobreza.
Se está configurando así en la Argentina un núcleo duro de pobreza e indigencia muy extenso – casi un tercio de la población- que lejos de disminuir es funcional al “modelo económico”. Es que los asalariados pobres “ayudan” a deprimir los salarios y aseguran una mayor rentabilidad del sector empresario no solo de las pequeñas empresas sino fundamentalmente de las grandes empresas, como se reveló en el caso de las grandes marcas que “tercerizan” las confecciones en talleres pequeños no registrados.
Al mismo tiempo, las familias pobres ayudan a reproducir la pobreza ya que en esos hogares se desarrollan niños con privaciones alimenticias y educativas que aseguran la incorporación futura al mercado de trabajo de trabajadores con mayores dificultades para defender sus condiciones laborales y salariales.

 

 

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