Newsletter Nº 3 – 23 de Mayo de 2006 - Año 1 


Las mujeres albañil se suman al boom de la construcción
Cuatro jóvenes se especializaron en el oficio e inmediatamente ingresaron al mercado laboral

Isolda Baraldi / La Capital

Los primeros días causaron un poco de revuelo dentro del gremio, pero ya están perfectamente adaptadas a su lugar de trabajo. Les dicen "las chicas" y son cuatro jóvenes de entre 19 y 35 años que se animaron con la construcción a gran escala. Hoy son especialistas en colocar revestimientos con base húmeda y cerámicos. Con cascos, borceguíes, anteojos de seguridad, guantes y un poco de maquillaje, integran la cuadrilla de más de 20 personas que construye un importante edificio sobre bulevar Oroño.

"Empecé el curso porque quería levantar el lavadero en mi casa y que me saliera barato", cuenta entre risas Graciela Carreras, 35 años, casada y con tres hijos. Pero aún no logró construir el lavadero ya que inmediatamente comenzó a trabajar en distintas obras, acaso como parte del boom del sector.

Miriam Videla, de 25 años y soltera; y las hermanas Jésica y Verónica Góngora, de 19 y 23 años respectivamente, también ingresaron al mercado laboral de la construcción luego de capacitarse en el oficio. Gremio poco usual para mujeres, aunque evidentemente no vedado cuando se conoce el paño.

"Lo cierto es que trabajan muy bien, han demostrado mucha idoneidad y estamos muy satisfechos con el desempeño de las chicas", afirma Angel Seggiaro, uno de los arquitectos de la empresa Fundar, que contrató a las flamantes albañiles.

Ellas aseguran que la relación con sus compañeros "es tranqui", aunque reconocen que los primeros días las marcaban de cerca. "Ahora nos ayudan mucho y está todo bien", asegura Verónica.

Así, la empresa tuvo que agregar otro baño al obrador y les entregó a las trabajadoras un cuarto con llave para que se puedan cambiar sin inconvenientes.

"Nadie se da cuenta de que trabajamos en una obra cuando venimos en colectivo, ni tampoco cuando nos vamos, porque nos tomamos nuestro tiempo para arreglarnos", confiesa Graciela. Lo cierto es que la empresa contempló un horario diferente para ella, teniendo en cuenta que debe llevar los chicos a la escuela, que se hizo extensivo a las otras dos operarias. Es por eso que ingresan al trabajo a las 9.30 y se retiran a las 17, aunque en rigor hay que esperarlas un poco más hasta que logran sacarse el polvillo de encima, se visten y se peinan.

Todas son egresadas del Plan Nacional de Calificaciones que se puso en marcha a fines de 2004, y forman parte de la segunda camada de personas desocupadas o jefas y jefes de hogar que lo hicieron a modo de contraprestación.

Los talleres están coordinados por el propio gremio (UOCRA), el Ministerio de Trabajo de la Nación, la Secretaría de Promoción Comunitaria de la provincia y el municipio de Rosario, además de otras organizaciones sindicales. Hoy, a las 10, en Oroño 328, recibirán junto a sus compañeros de cursos los certificados que las habilita para trabajar en el gremio.

Por lo pronto comenzaron por revestir las cocinas de un edificio que se alza sobre el bulevar y ya pasaron a colocar los pisos de los balcones, que es una tarea un poco más complicada habida cuenta de que los cerámicos son más pequeños y requieren de una mayor prolijidad en la tarea. "Nos va bien, estamos cómodas y el trabajo nos gusta mucho", dicen al unísono en plena obra.

 

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