Fuente: www.diariohoy.net
Acerca de los Tatados de Libre Comercio
“Mientras no se anulen o disminuyan los subsidios a la agricultura, no estaremos en condiciones de suscribir un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos o Europa”.
Esta frase pertenece de manera indistinta a funcionarios de varios gobiernos de América Latina y con mayor precisión a varios pertenecientes al MERCOSUR.
Daría la impresión que el único obstáculo para los acuerdos mencionados fueran estos subsidios que, es verdad, perjudican gravemente el comercio de muchos
de nuestros países en flagrante contradicción con las exigencias que la Organización Mundial del Comercio tiene para los productores de materias agrícolas en los países en desarrollo. Sin embargo, los Tratados de Libre Comercio (TLC) son bastante más complejos que lo que acreditarían estos subsidios.
La función de los TLC
Estos tratados están en función de una disputa por constituir un Nuevo Orden mundial, reemplazante del surgido luego de la Segunda Guerra Mundial y que hiciera crisis a raíz de la Caída del Muro de Berlín (1989) y el desarrollo de la Revolución Científica y Tecnológica en marcha.
Los parámetros de esta nueva guerra fría son la Unipolaridad o la Multipolaridad, o sea la hegemonía de los más ricos y poderosos (con Estados Unidos a la cabeza) sobre el resto de los países del mundo, o un mundo geodiverso y regionalmente articulado que garantice una mayor equidad, participación y democracia universal.
Esta definición explica adecuadamente desde el fenómeno de la Globalización (entendida como Mercado Unico Planetario sometido a leyes universales) hasta el intento de interpretar las nuevas expresiones científicas aplicadas a la producción desde la órbita del neoliberalismo. En ambos casos está presente la idea del Libre Comercio.
Soberanía de los países Los TLC imponen reglas supranacionales en áreas de la soberanía nacional de importancia estratégica para el desarrollo de cada Nación.
Las empresas trasnacionales tienen derecho a generar procesos de privatizaciones que no pueden ser impedidos por los Estados, salvo casos de excepción. Deben tener las mismas ventajas que las empresas nacionales e incluso mayores.
No puede haber requisitos especiales a la producción, como ser exigencias de reinversión, de contratación de personal o de remesas de ganancias.
El tema laboral
Los TLC no aceptan regulaciones basadas en la discriminación en el empleo (Convenio 111 de la OIT) ni adoptan el principio de igualdad en las remuneraciones (Convenio 110 de la OIT) pero, lo que es más grave, no contemplan aspectos tales como Seguro Social, vacaciones, aguinaldos, etc.
No se podrán establecer restricciones basadas en normas de carácter ambiental o laboral, habida cuenta que Estados Unidos no suscribió a los Convenios de la OIT, referidos a la libertad de asociación, ni los que impulsan los convenios colectivos de trabajo.
El concepto “libre comercio”
El mercado es una noción originaria que significa el lugar al que concurren aquellos que demandan lo que no son capaces de producir y los que ofertan lo que producen. Se genera de esa manera un intercambio que resulta de la necesaria división del trabajo en cualquier grupo humano.
El concepto “libre mercado”, tal como es utilizado por las corrientes neoliberales, es una apropiación indebida de una noción que nada tiene que ver con el mercado a secas. Es más bien una interpretación política del mercado. Las claves de esta interpretación se encuentran en una visión antropológica y sociológica particular del mercado.
Si admitimos, con Hobbes, que el “hombre es un lobo para el hombre”, estamos, al mismo tiempo, sentando la idea de que el egoísmo es el motor de la conducta humana.
Ello tiene varias derivaciones, la primera que se sigue del estado de guerra permanente que sería propio de la naturaleza humana. En una sociedad donde la guerra entre todos no es posible la convivencia, el contrato social establece la paz y las reglas de la coexistencia pero sin alterar el conflicto connatural al hombre.
En términos más sencillos, es necesario impedir la guerra pero la coexistencia pacífica no la debe ignorar como propia de la naturaleza humana. Y esto traducido a la vida normal, se llama competencia. Se trata de una guerra disimulada o atenuada.
La segunda consecuencia que se infiere de lo antedicho es que la vida misma y, especialmente la vida económica, y por este mismo principio, sigue el modelo darwinista de la lucha por la supervivencia y el triunfo en ella de los más aptos.
Si esto es así, libre mercado significa que los hombres, los pueblos y los gobiernos, compiten para imponerse unos a otros.
Como si fuera poco, se está justificando un nuevo colonialismo en que unos serán superiores a otros y tendrán dominio sobre ellos. ¿Qué otra cosa es la unipolaridad sino la hegemonía de los más ricos y poderosos sobre el resto?
El Mercado
Esta claro que esta idea del libre comercio va unida a la pretensión de hegemonía mundial. Pero es posible desarrollar otra idea del mercado basada en la necesidad de cada hombre y de cada familia del esfuerzo de los demás y de, a su vez, contribuir con las necesidades ajenas.
De ese modo, el mercado sería un lugar de encuentro y no de lucha, un lugar de cooperación y ayuda mutua para el progreso de todos y no el escenario de una competencia darwinista donde unos triunfan y otros fracasan.
Sería, entonces, una lógica devinente de una concepción del hombre basada en el amor al prójimo y sus propias necesidades entendidas como prerrequisito de la satisfacción común, la solidaridad -no la competencia- sería el punto central de esta visión del mercado.
La definición política
Un representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, ha sido muy claro acerca del objetivo final de los TLC al expresar lo siguiente: “Los países que buscan acuerdos del libre comercio con EEUU deben cumplir más que criterios económicos y de comercio si pretenden ser elegibles.
Como mínimo, estos países deben cooperar con Norteamérica en su política exterior y en sus metas de seguridad nacional, como parte de 13 criterios que guiarán la selección que haga EEUU de sus potenciales socios en acuerdos de Libre Comercio. Negociar un tratado de Libre Comercio no es algo a lo que alguien tenga derecho. Es un privilegio”.
Luego de todo esto, no parece ser que los subsidios a la agricultura sean el principal problema de los TLC, pero nadie entenderá nada de este tema si no lo ubica en el contexto de una disputa por organizar un Nuevo Orden internacional que suplanta el conflicto generado por la bipolaridad.
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