Newsletter Nº14– 23 de Junio de 2006 - Año 1    


Fuente:www.lasegunda.com

ESTUDIO OIT: TRABAJO INFANTIL EN EL HOGAR SUPERA JORNADAS LEGALES DE LOS ADULTOS
 
Un 85% de quienes realizan trabajo para el propio hogar son niñas y mujeres adolescentes muchas de ellas embarazadas o madres.

En Chile, más de 42 mil niños, niñas y adolescentes, entre cinco y diecisiete años, soportan largas jornadas de trabajo para el propio hogar. Alrededor de 11 mil, labora más de las 45 horas semanales permitidas legalmente para los adultos.

Develar esta realidad es uno de los principales objetivos del estudio “Niñas, niños y adolescentes: Los riesgos de un trabajo invisible para el propio hogar” realizado por María Jesús Silva, Coordinadora para Chile del Programa IPEC, de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT), y que fue dada a conocer el martes 20 de junio en la sede de la OIT, en el marco de las actividades conmemorativas del Día Mundial contra el Trabajo Infantil.

La investigación, que fue presentada por el Director de OIT, Guillermo Miranda, el Subsecretario del Trabajo, Zarko Luksic, la Subdirectora del Servicio Nacional de la Mujer, Carmen Andrade y la Especialista Regional en Género y Empleo de OIT, María Elena Valenzuela, es resultado de un análisis en profundidad de la Primera Encuesta Nacional de Actividades de Niños y Adolescentes, que fue realizada en conjunto por OIT, el Ministerio del Trabajo y el Instituto Nacional de Estadísticas en el año 2004.

La colaboración en los quehaceres para el propio hogar es una tarea que muchos niños, niñas y adolescentes efectúan diariamente para ayudar a los padres y madres. Sin embargo, se puede transformar en un “trabajo infantil invisible”, cuando es una labor que vulnera garantías fundamentales, como los derechos a la educación, recreación y descanso.

El trabajo infantil invisible en Chile -explica la autora del estudio- se basa en actividades que se plantean al interior del núcleo familiar, mayoritariamente a las niñas y madres adolescentes. Estas se establecen como una obligación e implican jornadas que van de 4 a 8.5 horas diarias, lo que influye notablemente en los índices de atraso y deserción escolar”.

Asumir la suplencia en labores hogareñas propias de los adultos, tales como planchar, cocinar, cuidar a hermanos y/o a parientes o enfermos, pone en riesgo la integridad física y psicológica de este grupo. En muchos casos, implica un cansancio excesivo que se manifiesta en dolores corporales. Los encuestados se quejan de dolores de pies, cuello y espalda. Además, algunos manifiestan que les pegan o castigan cuando no hacen lo que se les manda.

Quiénes son los afectados

De los más de 42 mil niños, niñas y adolescentes afectados en el país por el trabajo infantil invisible, el 85% son mujeres (35 mil 689). De este grupo, el 35.3% son adolescentes, 9 mil 295 son madres y llama la atención que 11 mil 522 son niñas de 5 a 14 años.

Más de la mitad de las madres adolescentes pertenecen a hogares pobres y casi el 50% debe dedicar la mayoría de su tiempo al cuidado de sus hijos, sin que los padres de éstos compartan las responsabilidades asociadas ni tampoco los quehaceres del propio hogar. Por problemas culturales, muchas veces las madres solteras tienden a ser discriminadas dentro de sus hogares y, en ocasiones, el resentimiento que existe en el grupo familiar hace que añadan a sus responsabilidades trabajos del propio hogar.

Jornadas intensas en el hogar

Los límites legales de una jornada de trabajo en Chile llegan hasta las 45 horas semanales y éstas deben ser realizadas por adultos. Sin embargo, los niños, niñas y adolescentes que ejecutan labores para el propio hogar muchas veces superan estos límites y trabajan en horarios diurnos, vespertinos y nocturnos. El promedio de dedicación a los quehaceres del propio hogar, en el caso de las madres adolescentes, es de 8.4 horas diarias y las de los niños y niñas hasta 5.3.

El 27,2% de los que realizan trabajo invisible (11 mil 447), efectúa jornadas diurnas, vespertinas e incluso nocturnas que suman más de 45 horas a la semana, traspasando 23,5% de ellos la cantidad máxima del horario laboral adulto fijado por ley.

El 15.1% de quienes ejecutan quehaceres para el propio hogar trabajan en forma invisible más de cuatro veces a la semana en horario nocturno, y 84% de quienes deben trabajar toda la noche en quehaceres para el propio hogar, son madres que cuidan solas a sus hijos. Por su parte, un 57.3% de niños, niñas y adolescentes se dedican entre una y tres noches a la semana al cuidado de parientes y a los quehaceres domésticos.

Los tipos de trabajo infantil y adolescente invisible muestran diferencias de género. Mientras el trabajo femenino se caracteriza por el cuidado de otros y del hogar, el masculino agrega a estas labores, en las zonas rurales, el desempeño de actividades de autoconsumo o cuidado de animales.

Dentro de las mujeres, las niñas se dedican principalmente (76.9%) al cuidado del hogar desarrollando tareas como: planchar, cocinar y hacer aseo en general. Las adolescentes y madres distribuyen su tiempo de manera más igualitaria entre el cuidado del hogar y el de niños, sobrinos y abuelos; mientras que los niños y adolescentes muestran una distribución distinta, ya que un 34.9% está a cargo también del cuidado de animales.

Conclusiones del estudio

Rendir bien en el colegio y asistir con regularidad son dos tareas difíciles cuando al mismo tiempo se cumple una larga jornada de trabajo para el propio hogar. Por eso, a menudo es imposible compatibilizar ambas cosas. Esto se refleja en que el 33% de este grupo abandona la escuela y el 47% de los que asisten se atrasa más de un año. La autora señala que “al disminuir su rendimiento escolar o desertar del colegio, los niños, niñas o adolescentes no pueden romper el círculo de la pobreza ya que no están suficientemente capacitados para obtener trabajos mejor remunerados”.

El estudio concluye que es urgente generar mayores redes de apoyo para familias en situación de pobreza, con el fin de cuidar a los niños cuyos padres y madres requieren trabajar fuera de casa. Estas servirían también a las adolescentes madres, que relevadas de esta obligación por algunas horas, podrían continuar su educación.

Igualmente, la autora de esta investigación asegura, que es indispensable aumentar la educación sexual con acento en la paternidad responsable, para evitar los embarazos no deseados o prematuros. También, sugiere definir políticas públicas orientadas exclusivamente a los problemas de este grupo para que tengan a futuro, igualdad de oportunidades y una mejor calidad de vida.

 

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